Acúseme Padre, pues he pecado al creer fervientemente en que puedo cambiar el mundo hacia uno mejor, tal y como mi vocación me lo dicta y mi corazón me guía…
Acúseme Padre, pues he pecado por confiar de buena fé en personas que se posan ante mis ojos… sus caras muestran sonrisas, sus bocas pronuncian “dulces” palabras pero en sus almas sólo hay tinieblas y en su pecho un gran vacío…
Acúseme Padre, pues he pecado al pensar que la empatía es un don que lleva sembrado cada corazón… Veo muy triste que acá mientras cada cual tenga resuelto su problema, el semejante, el vecino, el hermano ya no importa (porque primero yo, segundo yo, tercero yo y prójimo que espere, piensan…)
Acúseme Padre, pues he pecado al dar por sentado que la solución de los problemas es la que se encuentra en los libros, es la que cura un dolor, es la que salva una vida, es la que ayuda… pues tal solución está en renovar la idiosincrasia de un pueblo inundado en ignorancia… si resolvemos las dolencias físicas de un ser no solucionamos nada cuando la raíz de todo está en la educación, la cultura, el sentir, la moral, el respeto y el compañerismo, que en muchos casos están ausentes.
Acúseme Padre, pues he pecado al no querer hacerme cómplice silente y pasivo de tanta suciedad con venas secas en sus entrañas; coprófagos, hematófagos, mitómanos y oportunistas por naturaleza…
Acúseme mil veces Padre, pues he pecado por velar por la vida de los realmente necesitados, priorizando mas no negando los recursos y la atención…
Dispénseme Padre mío, pues malamente he pecado al venir con mi saco lleno de buenas intenciones, repleto de ganas de ayudar, copioso de nuevos conocimientos, rebosado de entusiasmo, ful de interés por mejorar la calidad de vida del pueblo, abarrotado de ideas para ordenar lo que fuese necesario… ¡Dispénseme de corazón Padre! El saco se ha roto por tanto golpe y todo se ha perdido en esta causa. En mi saco no había antídoto para tanta venina inoculada en tantas almas.
Acúseme, acúseme Padre, pues son muchos los pecados que he cometido por querer volver mi sueño realidad, por querer ejercer con dignidad, sentido, amor, comprensión y pasión mi carrera, mi razón de vida, el don que Dios puso en mis manos y mi corazón para ayudar de forma JUSTA a mi prójimo y sentirme feliz y satisfecha con ello. Tal parece que el objetivo logrado en tantas entidades es una utopía bajo este techo.
Disculpe mi negro espíritu Padre, por pecar contra aquellos con títulos influyentes que pasan por encima de los necesitados y piensan que al hacer “favores” absurdos y peligrosos consiguen prestigio, respeto y admiración. (Y a pesar de mi pecado me pregunto: ¿a qué precio lo hacen?) Otros tantos se regocijan al difamar, mentir, agredir… Dispénsalos a ellos primero Padre mío, tú mejor que yo sabes que necesitan mucha más paz en sus vidas para dejar de hacer tanto iatrogenia como iatrolalia.
Castígueme Padre Santo, pues he pecado… Ante muchos he pecado y me disculpo por intentar enderezar ramas chuecas de árboles nacidos torcidos.
En los cielos hay un Dios justo que todo lo ve y a quién el día final habrá que rendir cuenta por los actos buenos y MALOS ejecutados en vida.
Dios los Bendiga…
Abril- 2008.
No hay comentarios:
Publicar un comentario