La convicción de realidades que no podemos ver ni sentir.
La manija con la cual tomo la promesas de Dios y las aplico personalmente a mis problemas.
Recordar que soy indispensable para Dios, aún cuando siento que soy solamente un objeto inútil en este mundo.
Hacer lo correcto sin tomar en cuenta las consecuencias, sabiendo que Dios hará en última instancia que todo salga bien.
Confianza en Dios cuando el dinero se está acabando en vez de entrar a raudales.
Recordar que en el reino de Dios todo se basa en Sus promesas y no en mis sentimientos.
Rechazar el pánico cuando las cosas parecen estar fuera de control y confiar en Su control.
Recordar que soy un preciado tesoro de Dios cuando siento que no valgo nada.
Esperar que Dios realice milagros a través de mi, insignificante que soy, con mis cinco panes y dos peces.
Confiar en que Dios obrará milagros en mi estado de ánimo.
Dar a Gracias a Dios específicamente por aquello que me molesta.
Entregar los problemas de nuestros seres queridos a Dios para que los resuelva.
Admitir que Dios es el Señor del Tiempo cuando mi concepto del momento oportuno no está de acuerdo con el Suyo.
La seguridad de que Dios está perfeccionando Sus propósitos para mí cuando el curso de mi vida, antes una corriente torrentosa y efusiva por momentos pareciera una laguna estancada.
Confianza en la fidelidad de Dios para conmigo en un mundo incierto en un curso sin rumbo visible hacia un futuro desconocido.
Confianza en la certeza de que Dios tiene un plan para mi vida cuando nada parece tener sentido.
Descansar en la seguridad de que Dios tiene un objetivo al dejarme en este mundo cuando me siento inútil para El y una carga para los demás.
La esperanza de ver nacer un mar de espigas doradas en terrenos secos, áridos, interminables, regados solo con mis lágrimas en mi andar solitario.
Pedir la fortaleza de Dios para aceptar y soportar la fatiga, el dolor, la debilidad- con paciencia.
La confianza de que Dios está obrando para mi bien cuando El responde NO a mis oraciones.
Agradecer a Dios cuando veo mis planes destrozados entendiendo que El tiene planes mejores.
Recordar que Dios es quien da la capacidad cuando el éxito es mío.
Algo que Dios mostrará que es genuino a través de la prueba.
Algo que se desarrolla a través de las dificultades, decepciones, desilusiones, conflictos, frustraciones, fracasos, pérdidas… y no a través de cirios encendidos ni dulces simbolismos religiosos.
Cooperar con Dios en cambiarme a mi, en lugar de tomar el recurso piadoso de regañarme a mi mismo.
Rehusar sentirme culpable por los pecados confesados del pasado cuando Dios el Juez soberanamente me ha declarado PERDONADO.
No la idea de que de alguna manera, Dios es alguien en quien se puede confiar sino la confianza en El apoyada en la prueba de Su completa fidelidad al morir por mi.
Cesar de preocuparme, entregando el futuro al Dios que controla el futuro.
La única manera de agradecer a Dios.
La convicción: El que promete no faltará a Sus promesas.
POR PAMELA REEVE.
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