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lunes, 6 de diciembre de 2010

¿Felicidad eterna?

Hace no menos de diez años leí unas líneas de un autor anónimo que decían que la felicidad, no es un estado permanente de la vida, sino que se conforma de momentos muy específicos que vienen y van, momentos que llenan nuestra alma y nos hacen sentir plenos como humanos. Analicé tales palabras y éstas lograron un cambio radical en mi forma de percibir y entender la felicidad, puesto que hasta ese momento como ilusa adolescente que comienza a “sufrir los avatares de la vida” pensaba que se debía luchar siempre por conseguir ese pleno estado tan anhelado, querido y deseado: ¡la felicidad! Y de manera más inocente en mi sentir estaba sembrada la idea de que la felicidad o infelicidad eran estados irreversibles e inmutables del existir.
Pero después de leer esas líneas entendí que la vida verdaderamente se trata de momentos… momentos que van encadenados, concatenados segundo a segundo por el tiempo, por el vivir, o momentos que nos hacen sentir vivos, sentir así sea dolor o infelicidad… pero  sin lugar a dudas son momentos que nos hacen más humanos. ¿Por qué cuál sería la diferencia entre un maniquí y alguien que no sabe sentir? ¿Qué valor tendría la vida sin esos momentos que nos regala la verdadera felicidad?
¿Qué sabor nos quedaría en la boca al final de los tiempos, cuando al mirar hacia atrás lo único que logramos divisar son momentos “normales y tranquilos” pero que no se pueden clasificar como felices o infelices por nunca arriesgar?, por hacer sólo lo justo y ya…!
¿O será verdad que en la vida hay personas que vienen para ser infelices o felices a plenitud?
Sería una utopía pensar que la felicidad viene con una prescripción médica y dentro de una caja de prozac. La felicidad no viene en caja, no se vende, nunca se compra.
¡Hoy con una enorme sonrisa le doy un vuelco a mi vida, y decido reír! Reír así no quiera, para demostrarle a la vida que si pudo ser feliz y deseo ser la fuente de mi propia dicha, me río de mi, de mi desgracia ficticia, y me río para al menos tratar de recuperar ese tiempo mal invertido en lágrimas no merecidas…
Hoy decido vivir por mí y para mí, decido que la felicidad no debe ser el norte porque siempre seguirá a mi lado, cuando yo lo decida, y por el tiempo que yo quiera, me doy el poder de ser feliz y de ser infeliz cuando yo quiera y lo permita, cuando quiera sentir un buen guayabo por alguien que si valió la pena, o cuando me provoque sentir frustración por un fracaso me lo permitiré… Porque aún cuando declaro tener el control sobre mi felicidad también decido seguir siendo un ser  humano que padece y que sufre, pero lo necesario… no más!!! 
Mis lágrimas ahora tiene un costo invaluable! Y mí dicha aún más… Hoy dejo atrás todo lo que me lastimado y me ha estancado, hoy retomo las riendas de mi dicha, de mi presente y futuro… La felicidad formará parte de mí, no tendré que buscarla o esperarla nunca más… Mi felicidad soy YO!!! Y más nadie…



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